Receta: galletas para el amor

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Lo primero que necesitas es un buen envase, redondo y liso.

 

Limpio, seco y sin restos de sentimientos tóxicos de relaciones pasadas, por aquello de que no vas a querer mezclar a los fantasmas de tus relaciones pasadas con el dulce sabor de esta nueva y hermosa receta.

 

Así que antes de empezar deberías chequear tu envase…

 

…pero como sé que, aunque esté sucio no lo vas a lavar, porque lo que tiene es una cosita pequeñita que no importa porque fuiste tú quien terminó esa relación pasada porque estabas HARTA y ya esa persona no te afecta, entonces seguimos.

 

Primer paso: cremar la mantequilla, lo que significa batirla con el azúcar hasta que quede una mezcla súper suave, homogénea y sobre todo cremosa.

 

Aquí es donde yo te diría que te tomes tu tiempo, batas sin presión, sin correr, esto tiene que quedar perfecto. En este momento la mantequilla y el azúcar se están conociendo, aprendiendo uno del otro, uniéndose, aceptándose, todo es hermoso en este momento, no hay presiones, no hay peleas, todo es una aventura.

 

De nuevo, tómate tu tiempo en esta etapa, aunque parezca que la mantequilla y el azúcar fueron hechas la una para la otra y les encante la misma banda.

 

Luego incorporas los huevos, truco especial, siempre rompe los huevos en un plato aparte y no directo en la preparación. Si el huevo está podrido no hay vuelta atrás, la mezcla se pierde. Si hay una persona tóxica puede destruir tu mezcla, y de esas hay en todos lados, lo mejor siempre es contarle a la familia y amigos más cercanos aparte, te sorprendería escuchar las opiniones que pueden tener.

Ah y por el amor a todo lo bello de este mundo, si cayó cáscara sácala inmediatamente. No la dejes ahí que no le va a dar crunch.

 

Ponle un chorrito de vainilla para endulzar todo y una vez que eso está perfectamente unido: amor, familia, amigos…

 

…vienen los secos.

 

La parte neutral y donde comienza a ponerse seria la cosa.

 

Harina, polvo de hornear, todas tus costumbres, y las suyas. Tu rutina y la suya. Tu trabajo, amigos, forma de tomar café, hora de dormir, temperatura del agua de la regadera, plantas, opinión sobre animales, lado de la cama, lugar donde van las cosas en la cocina, llamar o mandar voice, miedos, verdades, expectativas, deseos, sueños. La contraparte de tu pareja y una pizca de sal.

 

Todo eso se pasa por un tamiz, porque nada puede venir de golpe o con partes duras que no se unan correctamente con los líquidos.

 

Mezcla, poco a poco.

 

Si lo haces de golpe te vas a quedar con harina volando por todas partes y muchas cosas se van a quedar por fuera, y pueden ser cosas importantes, como por ejemplo que quieres pasar las fiestas con tu familia y tu amor no quiere.

 

Ya juntaste todos los ingredientes y tu masa está perfecta, es momento de dejarla descansar en plástico envolvente en la nevera. Pero revisa bien que la masa de verdad esté perfecta, porque luego no le puedes agregar nada.

 

Esto no es como un asado, que le echas más sal al final porque te quedó insípido.

Este es el tiempo en el que los sabores se hacen más fuertes, todo lo que era antes individual ahora es uno. Disfruta del momento, aquí suceden las cosas buenas que vas a recordar siempre. Las aventuras, los chistes, los abrazos, las ganas de hacerse feliz.

 

Saca la masa de la nevera luego de una hora, equivalente a meses en el amor.

 

Espolvorea un mesón liso con harina, pon la masa, espolvorea un poco de harina encima y estira con el rodillo, que, para fines de esta receta, es la representación física de cada pelea, cada discusión, cada sacrificio sin sentido.

 

Unas veces eres la masa y aguantas y te estiras, y dejas de tener tu forma para adaptarte a otro. Otras eres el rodillo que oprime una dirección con la fuerza necesaria para lograrlo, por cierto, esa fuerza se le llama manipulación o celos.

 

Ya que estiramos la masa, que tiene el espesor correcto, usas tus moldes para cortar la masa y poner lo que serán tus futuras galletas en una bandeja engrasada y enharinada.

 

Por cierto, algo que no te dicen en los videos o recetas es que el proceso de estirar la masa se hace varias veces, hasta que no hay más masa que cortar. Entonces, estás ahí rota, te vuelven a unir, y viene el rodillo de nuevo. Solo que esta vez no hay tiempo de reposo, no hay maravillas. Este es el día a día.

 

Tienes listas todas tus galletas en las bandejas, les colocas lo que a ambos les gusta más. Chocolate, avena, pasas, azúcar, canela, avellanas, nueces, o nada.

 

Y van al horno.

 

Entran al calor insoportable, parecido a una gran discusión, donde esos 10 minutos de espera pueden ser eternos, aterradores, desesperantes y con solo tres posibles resultados.

 

El primero es que te de tanto miedo que sacas las galletas antes de lo que se debería, y terminan crudas. Lo que te obliga a meterlas de nuevo y estar literalmente fijándote de cada segundo para que no se pasen. Perdiendo entonces toda la confianza que pudiste haber creado en la relación, porque la inseguridad se apoderó de ti.

 

El segundo resultado es la pérdida irremediable de todo. Se quemaron, había mucho calor, paso mucho tiempo, no había confianza, los ingredientes no eran los correctos. Hay tanto que pudo intervenir allí.

 

Y el tercero es que queden perfectas. Que después de todo eso, la mezcla fue tan buena que sin importar las presiones el sabor del amor se siente en cada bocado.

 

Pero…

 

¿La repostería es más complicada que eso?

¿Hay muchas variables?

¿Es posible tener otros resultados?

¿Porque deberían confiar en mí juicio incluso cuando no soy repostera profesional?

 

La verdad no lo sé, de momento tengo una lista de todo lo que no se debe hacer.

 

He hecho galletas en los envases más sucios que puedes encontrar, propios y ajenos. Usado los peores ingredientes, intensos, dramáticos y salados. He añadido secos sin tamizar, cremar poco la mantequilla, deliberadamente he escondido los huevos. He visto la masa y dicho “algo está mal, pero decorando se arregla”.

 

Muchas veces quemé las galletas, de hecho, tengo hasta las bandejas quemadas como heridas de guerra en mi cocina. Me han quedado crudas, han ido de nuevo al horno, las he sacado una vez más, duras, feas, con un sabor agrio y controlador insoportable.

 

Creí que podría arreglarlo, porque esas galletas prometían saber tan bien, eran perfectas para cualquier merienda. Pero así no funciona la repostería, y tampoco el amor.

Hay que tener una buena receta, pero no una que venga escrita en la parte de atrás de un empaque de harina, una propia. Algún día las galletas quedarán perfectas entre dos. Y serán absolutamente deliciosas.

 

Mientras voy a seguir intentando, pero unas para mí.

 

Con algún ingrediente nuevo…azúcar morena, un viaje, canela, nuevo look, más amigos, una pizca de levadura, menos dramas, un extra de valor personal y chocolate.

 

Acepto sugerencias sobre ingredientes, pero bien detallados.

 

Por el momento me despido, voy a botar las galletas que quedaron de la última receta desastrosa y me pondré a lavar los utensilios sucios y el envase, muy importante.

 

Amor y gordeo.

Escrito por nuestra colaboradora Alejandra

 

AG