Sobre cómo dejar de involucrarse en dramas

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Ser infeliz puede ser adictivo

 

¡Suena imposible! Lo sé, los humanos tenemos un lado débil por el drama. Con nuestras amigas, nuestras parejas, en el trabajo, nuestros padres… Si nuestra vida fuese un show de televisión, definitivamente podríamos decir que el drama es una estrella invitada en cada temporada. Parece una enfermedad que está atacando a todos los que nos rodean, como si creáramos una especie de conexión inmediata a partir de la infelicidad. Nada sano, ¿cierto? A partir del drama solo atraemos relaciones tóxicas y creamos ciclos viciosos de pensamientos negativos, malas decisiones, manipulación y eventualmente depresión.

 

Da miedo, pero ser infeliz puede ser adictivo y sin darnos cuenta podemos de forma activa atraer esos malos pensamientos a nuestra vida. Una persona con estas tendencias podría ver a un unicornio y en vez de maravillarse ante tal criatura mítica, fácilmente podría enfocarse en lo negativo, en que quizás no se lo imaginó así o comparar esa situación que está viviendo con lo que presume que vivió otra persona. Es hora de decir ¡Basta! Si queremos ser felices tenemos que empezar por limpiarnos a nosotros mismos.

 

¿Cómo sabemos si estamos siendo dramáticas y cómo lo controlamos?

 

Todo depende de nuestra visión, si aplicamos a la vida un filtro de negatividad, nunca nada será lo suficientemente bueno, ni siquiera tu misma.

 

A continuación, te presento algunas situaciones que podrían ayudarte a identificar lo que estás viviendo:

 

Conflicto: ¡La vida es muy cruel conmigo!

Solución: Tomemos responsabilidad sobre lo que hacemos y decimos. Acá nadie es víctima de nadie, así que salgamos de ese papel en el que culpamos a los demás y al mundo. Somos dueños de nuestras vidas, actuemos de tal manera para construir la vida que queremos.

 

Conflicto: ¡No tengo amigos que me inviten a salir!

Solución: Vamos a pensarlo fríamente, ¿de verdad no los tenemos o quizás hemos decidido dejar pasar las oportunidades que se nos presentan? No vemos lo que tenemos y nos frustramos porque nuestra vida no es como “debería ser”, es decir, no es lo que vemos en las redes sociales de nuestras estrellas favoritas o en las películas. Enfócate en las pequeñas cosas que con un poco de atención pueden convertirse en situaciones mágicas. Ábrete a las oportunidades que se te presentan día a día. ¿No te han invitado a la playa esta semana? ¡Toma tú la iniciativa!

 

Conflicto: ¡Siento que todos me atacan!

Solución: Así es como una situación incómoda se convierte en una tragedia digna de libros y películas directas a dvds. Aprendamos a aceptar que todos somos y pensamos diferente, por ende, “nos comunicamos diferente”. Si Julián te hizo un comentario sobre ese informe que presentaste en el trabajo, recuerda que no es nada personal y te lo señala de la forma en que considera correcta. A veces un comentario es solo eso.

 

Cuando vives por el drama, atraes a personas con las mismas tendencias, lo que hace difícil que rompas con esos patrones y cambies tu visión, no es que tus amigas dramáticas sean las villanas de tu película; es que ven la vida de una manera similar a la tuya y en ese caso negativo + negativo no hace un positivo, hace un hoyo negro de depresión, egocentrismo y toxicidad.

 

Yo, que me considero una dramática en recuperación, me pregunto ¿por qué somos tan susceptibles y nos sentimos tan atraídos al drama? A mis 27 años he llegado a pensar que el aspecto social de la adultez se resume en quejarnos: de lo que hicimos, de lo que otros hicieron, de lo que dejamos de hacer. Analizando mis patrones de comportamiento y mis conversaciones con otras personas puedo decir con base que vivir la vida así es ¡ABURRIDO!

 

Pero no todo está perdido, todavía tenemos salvación. Presta extra atención a lo que dices y haces por los próximos días, se supone que tardamos 21 días en crear y adoptar hábitos nuevos. Intenta ser más abierta, más comprensiva y estar menos a la defensiva. Tu opinión y sentimientos importan, pero los de los demás también, no siempre estarás en lo correcto, las discusiones son parte de la vida, pero no tienen que ser un trauma ya que todos nos podemos equivocar, pero aprender de nuestras malas costumbres y rehabilitarnos nos abre las puertas a ese mundito al que queremos pertenecer.

 

¡Por un 2018 libre de drama!

*Escrito por nuestra colaboradora:

Samah Abdo.

Chica mágica, reina de Albión, Otaku de closet y melómana

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